martes, 14 de noviembre de 2017

Queridos Reyes Magos

Queridos Reyes Magos:
este año me he portado muy bien, aunque papá dice que siempre me porto mal y que soy un niño malo. Ya tengo 4 añitos y voy al cole con mis amiguitos. Ellos van a pedir un montón de juguetes chulos este año. Ya han mirado los catálogos en casa con sus mamás y papás. Pero yo aún no he podido hacerlo y pronto llegará la Navidad...
El miércoles por la mañana mamá me llevó al cole y me prometió que cuando volviera a buscarme íbamos a ir a casa y me dejaría todos los catálogos para que yo mirara los juguetes y rodeara con un boli todos los que me gustaran. Me dijo que me iba a ayudar a escribir la carta de los Reyes Magos.
Así que ese día estaba deseando salir de clase, tenía muchas ganas de ver a mamá esperándome en la puerta, quería ir a casa y ver todos los juguetes que me podía pedir para reyes... Pero no pude hacerlo.
Cuando por fin llegó la hora, mami estaba allí, tan contenta y guapa como siempre. Me tiré a sus brazos y nos fuimos al coche. Entonces apareció papá y yo quise decirle hola, pero el no dijo nada. Tenía una cosa en las manos, le temblaban las manos y parecía muy enfadado. Entonces intenté recordar si me había portado mal esa mañana... Pero no... Hice mi cama, recogí mi ropa, me comí todo el desayuno y no llegué tarde al cole. Un ruido muy fuerte evitó que pudiera pensar más.
Mamá gritó.
Mamá salió del coche llorando y pidiendo ayuda.
Mamá se arrastró por el suelo como si fuera una serpiente.
Papá la siguió.
Yo miré y empecé a llorar.
Papá gritó.
Mamá pidió ayuda.
Yo abrí la puerta.
Y papá mató a mamá.

Papá mató a mamá.
Papá mató a mamá.
Y yo salí de coche y me escondí.
Me dijeron que papá se fue.
Me dijeron que mamá estaba malita.
Y ya no la vi más.
Mis amigos gritaban sin parar y las mamás y los papás intentaban esconderlos en los coches.
Yo buscaba un escondite sin parar, hasta que me choqué con mi profesora y me abracé a ella.
Empecé a llorar y no recuerdo cuándo dejé de hacerlo.
Mi blusa estaba manchada de rojo y me asusté mucho.
¿Y si papá volvía y veía que me había ensuciado y me mataba a mi también?
Papá se había enfadado otra vez con mamá. Decía que era mala, como yo.
Papá mató a mamá.
Si la mató porque ella se portó mal, ¿a mí también me matará?
Y si papá me mata a mí, ¿podré volver a ver a mamá?
Queridos Reyes Magos: este año no quiero juguetes ni regalos. Estoy muy triste.
Echo de menos a mi mamá.
No quiero ir al cole.
¿Pueden hablar con mi mamá y decirle que vuelva?
Por favor, quiero abrazar a mi mamá.
Quiero que me dé el cariño que siempre me da.
Quiero que me proteja de papá.
Quiero que me sonría una vez más.
Ustedes son Reyes Magos y pueden hacer cualquier sueño realidad... ¿pueden hacer que vuelva mi mamá?
Ella decía que los deseos siempre se cumplen.
Yo quiero que vuelva mi mamá.
Pero no quiero que vuelva mi papá.
Prometo portarme bien y ser un niño bueno de verdad.
Ojalá que el día de reyes esté mi mamá esperándome en el árbol de Navidad.
Con esperanza,
un niño que quiere recuperar a su mamá.


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viernes, 27 de octubre de 2017

Cultura

¿Qué es exactamente la cultura?

La cultura se podría definir como el conjunto de características propias de algún país o territorio determinado que lo convierten en un país o territorio único y diferente a los demás en cuanto a su historia, a su arquitectura, su música, su religión o sus creencias, su arte, si geografía, su literatura, su gastronomía, sus tradiciones, sus costumbres, etc.

Todo ello pertenece a la cultura y forma parte de la “marca” de dicho país o territorio. Sin embargo, también debemos tener en cuenta las costumbres personales de sus habitantes y los comportamientos culturales que les caracterizan como provenientes de dicho lugar.

A menudo ocurre que cuando las personas se desplazan de un lugar a otro, sobre todo si deciden visitan un país o territorio totalmente desconocido, pueden experimentar un fenómeno conocido como “choque cultural” o “cultural shock”. Este fenómeno no es más que la sorpresa de descubrir comportamientos propios de la cultura de destino que son completamente diferentes a aquellos de la cultura de origen.

Un ejemplo de ello, entre Francia y España, podría ser la importancia que se le da al queso en las ciudades francesas, ya que se trata de un alimento que se come sólo y al final de la comida, como si fuera otro plato más, pero con sumo cuidado y sin mezclarlo jamás con ningún otro alimento. En cambio, en España, el queso es un alimento complementario que tomamos como aperitivo o acompañante en la comida y que añadimos a otros platos mezclándolo con otros alimentos.

Con este ejemplo, podemos imaginar que una persona de origen español que no conozca dicha característica cultural francesa puede experimentar un fuerte choque cultural al comer en un restaurante francés con sus nuevos amigos franceses.

Por otro lado, cabe destacar que el factor cultural es muy importante y debe tenerse en cuenta a la hora de traducir cualquier tipo de texto. Los traductores no solo somos mediadores de comunicación, también somos mediadores culturales y, como tal, debemos ser conscientes de las diferencias y similitudes culturales que existen entre la lengua origen y la lengua de destino del texto con el que debemos trabajar. Todo ello con el fin de lograr un resultado óptimo y de calidad, que es exactamente lo que se espera de un traductor profesional.

En este punto la creatividad puede cobrar un papel fundamental, dado que, en ciertos ámbitos como el marketing, un texto puede funcionar muy bien en la lengua origen. Digamos un texto publicitario que resulta atractivo, divertido y original en español y que, efectivamente, cumple el propósito por el que ha sido creado. Sin embargo, cuando traducimos dicho texto no podemos hacerlo de forma literal, dado que hay factores culturales que determinan el efecto que éste pueda tener en la cultura meta. Si lo traducimos a cualquier otro idioma debemos tener en cuenta la cultura de dicho país y localizar el texto. Esto es adaptar su contenido de manera que resulte igualmente atractivo, divertido y original, y que, por supuesto, transmita la idea fundamental del texto origen.

Así pues, la cultura es un factor que rige nuestras vidas sin que a veces seamos conscientes de ello. Vivimos en un mundo globalizado, pero por suerte, cada región sigue conservando sus costumbres y tradiciones, o al menos sigue luchando por salvarlas de la desaparición absoluta.

Aprender y enriquecernos con la cultura de otros países nos ayuda a crecer no solo como profesionales en el caso de la traducción y el marketing sino también como personas.


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jueves, 28 de septiembre de 2017

Corazón isleño

Corazón isleño:
has dejado de latir.
A causa de un incendio
que aún nos hace sufrir.

Todo de repente,
tan deprisa, tan violento.
Tuvo que huir la gente
porque les devoraba el fuego.

Una vida se perdió
y la tragedia prosiguió
con los animales domésticos
que se quedaron sin dueños.

¿Quién es el culpable
de este incendio forestal?
¿Quién es el causante
de esta tragedia insular?

Corazón gran canario:
tu verde han quemado.
Impotente el Roque Nublo
todo lo ha presenciado.

Susúrrame al oído
todo lo que has visto
y dime quién ha convertido
tu verde vida en negro cenizo.

Corazón isleño:
has dejado de latir.
A causa de un incendio
que aún nos hace sufrir.

El tiempo ayudó
y lluvia nos regaló
para apagar un fuego
que todo lo arrasó.

Voluntarios acudieron
y vecinos ayudaron
con abrigo y alimentos
a todos los evacuados.

¿Y los bomberos?
Valientes lucharon
y la vida se jugaron
para apagar el fuego.

Ese trabajo no está pagado,
merecedores de honores
por el coraje mostrado.
Verdaderos héroes canarios.

Corazón isleño:
has dejado de latir.
A causa de un incendio
que aún nos hace sufrir

Que encuentren al culpable
que ha provocado está barbarie.
Porque es inaceptable
que destruyan nuestro paisaje.

Volveremos a Tejeda,
subiremos a la cumbre,
y recuperaremos la arboleda.

Algún día el verde volverá
a cubrir con su manto
cada hectárea quemada.

Y los brotes crecerán,
la alegría nos invadirá
y podremos respirar.

Respirar el aire puro,
ese aire limpio
que rodea el Roque Nublo.

Corazón isleño:
volverás a latir.
Pronto tus montes
volverán a resurgir.





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jueves, 21 de septiembre de 2017

¿Edad ideal para ser mamá?

Hace alrededor de tres meses todos fuimos testigos de una polémica noticia: una mujer de 64 años se acababa de convertir en madre de gemelos.
Esta noticia desató la polémica: muchas personas criticaron a la mujer porque se trataba de una persona mayor y llegaron a decir que había un alto riesgo de que dejara huérfanos a sus pequeños y que no estaba capacitada para criarlos; otras personas alabaron su valentía y afirmaron que no había una edad determinada para ser madre y que cada uno era libre de hacer lo que quisiera.

Ahora esta mujer ha vuelto a salir en las noticias. Le han quitado la tutela de sus bebés.
¿Por qué?
Al parecer, la decisión se ha tomado tras comprobar que se había incumplido un "requisito fundamental" de los compromisos que la madre adquirió a la salida del hospital. Según Marian Paniego, gerente de Servicios Sociales de la Junta de Castilla y León, la mujer se comprometió a participar en un programa de intervención familiar para garantizar que los niños tuviesen cubiertas sus necesidades básicas y estuviesen seguros. Ahora se interpreta que los niños podrían estar en riesgo al existir indicadores de desprotección importantes. Los menores, que nacieron por cesárea el pasado mes de febrero, se encuentran en estos momentos bajo la tutela de la Junta de Castilla y León. Asimismo, la mujer, que se sometió a un tratamiento de fecundación 'in vitro' en Estados Unidos, tiene otra hija cuya tutela también le fue retirada hace seis años.

Ante esta información no puedo evitar preguntarme: ¿Existe una edad ideal para convertirse en mamá?
Rotundamente no.
El hecho de que una mujer tenga 33 años y otra tenga 14 o 64 años no significa que una sea mejor madre que otra. Puede que existan ciertos riesgos evidentes para los pequeños, que varían en cada caso dependiendo de factores como la situación socio-económica. Incluso hay factores biológicos que pueden influir, como el estado de salud, tanto a nivel físico como psicológico, que se tiene para afrontar el embarazo y la maternidad. Sin embargo, es evidente que la edad no es un factor determinante por el cual se pueda concluir que una persona puede o no convertirse en madre. Existen mujeres que han tenido hijos a la “edad ideal” para ello y que son incapaces de criar a sus pequeños de forma óptima, así como mujeres menores de edad que se han convertido en excelentes progenitoras.

¿Entonces, cuál es la clave para saber cuándo convertirse en madre?
La clave es la madurez. No se trata de la edad que se tenga, sino de la responsabilidad y la madurez de cada persona. Se trata de su estado mental y de lo preparada que esté física y psicológicamente para afrontar la maternidad.
Cada caso es un mundo, no hay dos niños iguales, como no hay dos padres ni dos familias iguales, las condiciones y los factores de cada caso son absolutamente diferentes y eso no es cuestión de edades.
Hay personas que no son responsables y que no están capacitadas para cuidar a un bebé porque tienen algún tipo de trastorno o simplemente porque no tienen la madurez necesaria para encargarse de otra persona y renunciar a ciertas cosas asumiendo una serie de sacrificios.

Todo el mundo tiene la libertad de ofrecerle fresas para merendar a un bebé de dos años, aun sabiendo que no es recomendable hacerlo antes de los tres años por riesgo de alergia.
Todo el mundo tiene la libertad de ofrecerle manises a un bebé de tres años, aunque no se recomienda introducirlos hasta los seis años por riesgo de asfixia.
Todo el mundo tiene la libertad de no llevar a sus hijos al médico aunque estén una semana con fiebres altas, aun sabiendo que existe riesgo de síncope febril.
Todo el mundo tiene la libertad de no vacunar a sus hijos y de exponer su salud a un grave riesgo.
Cada madre y cada padre es libre de tomar las decisiones que crea oportunas con respecto a la salud y la educación de sus hijos, pero eso no es cuestión de edades sino de asumir ciertas responsabilidades.
Se trata de la manera de ser de cada uno, de sus cuestiones ideológicas y de un sinfín de factores que influirán de forma inevitable en las decisiones que se tomen.

Ante una perreta, los padres tienen varias opciones y una de ellas es darle al pequeño dos fuertes cachetones. Dejando de lado las cuestiones éticas y legales que enmarcan esta hipótesis, el hecho es que no importa si se tiene 14, 33, 64 o 100 años, cualquiera puede ser un progenitor nefasto si le pone la mano encima a su hijo y en eso la edad no es un factor determinante.

Un niño debe crecer en un entorno adecuado y tener una serie de necesidades cubiertas para garantizar su bienestar, su seguridad y su integridad social. Lo cual es tan importante como desarrollarse y disfrutar de su infancia en un entorno agradable, recibiendo un trato óptimo y gozando del cariño, la empatía y el amor de sus padres.

Con 12, 30 o 70 años, el mayor regalo que le puedes hacer a tu hijo es darle el don de la paciencia y el amor. Tratarlos con amor y paciencia les enseñarán a manejar sus propias emociones y a desarrollarse en un entorno más favorecedor y más tranquilo. No olvidemos que nos tienen a nosotros como ejemplo y que en un futuro actuarán como les eduquemos.

Es posible que una chica de 13 años desee convertirse en madre, aunque no haya terminado aún sus estudios y no tenga un trabajo estable, porque tiene la suerte de contar con un fuerte apoyo familiar y disfruta de unas buenas condiciones socio-económicas que le permiten criar a su hijo garantizando que tendrá todas las necesidades cubiertas y que crecerá en un entorno de felicidad.
Asimismo, es posible que una mujer de 33 años, que tiene un trabajo estable, coche, casa y cuyas condiciones económicas sean idóneas para convertirse en madre, no sea capaz de criar a un bebé porque sufre una fuerte adicción a las drogas, algún tipo de depresión o porque vive en un ambiente familiar desestructurado, por ejemplo.

A menudo escucho comentarios como el hecho de que una chica menor de 18 o 20 años que se ha convertido en madre es una auténtica irresponsable. ¿Por qué? ¿Por qué no ha seguido la línea temporal impuesta de terminar sus estudios, encontrar un trabajo, comprarse un coche y una casa, casarse y luego formar una familia a los 30 o 40 años? Me parece un argumento vacío y sin sentido. Una chica de 16 años puede estar perfectamente preparada y capacitada para compaginar el papel de madre, con el de pareja, con el de hija, con el de estudiante y con el de trabajadora. Eso no depende de la edad, sino de su madurez, de su forma de ser y de la voluntad que tenga para luchar por su bebé. Aunque por supuesto, hay otros factores que también influyen y que muchas veces están fuera de nuestro control.

No es cuestión de edades, existen innumerables factores que influyen en el bienestar y en la felicidad de un niño. En cualquier caso, a los 13, a los 33 o a los 64 años, una puede ser madre y lo único que debe importarle es la felicidad de sus hijos y no el qué dirán los demás.

Con este artículo no tengo ninguna intención de criticar o defender a esta mujer que se ha convertido en madre a los 64 años, porque no conozco su caso ni su situación personal y no soy nadie para juzgarla. Sólo espero que las autoridades e instituciones competentes realicen su trabajo con el único objetivo de asegurar un buen futuro a esos pequeños. Porque son niños inocentes y lo único que necesitan es disfrutar de una infancia feliz con una familia que les cuide y les brinde todo el amor que merecen.



Fuentes consultadas:









Artículo de opinión publicado el 21 de abril de 2017 en el periódico Tacoronte dgital.