jueves, 21 de septiembre de 2017

¿Edad ideal para ser mamá?

Hace alrededor de tres meses todos fuimos testigos de una polémica noticia: una mujer de 64 años se acababa de convertir en madre de gemelos.
Esta noticia desató la polémica: muchas personas criticaron a la mujer porque se trataba de una persona mayor y llegaron a decir que había un alto riesgo de que dejara huérfanos a sus pequeños y que no estaba capacitada para criarlos; otras personas alabaron su valentía y afirmaron que no había una edad determinada para ser madre y que cada uno era libre de hacer lo que quisiera.

Ahora esta mujer ha vuelto a salir en las noticias. Le han quitado la tutela de sus bebés.
¿Por qué?
Al parecer, la decisión se ha tomado tras comprobar que se había incumplido un "requisito fundamental" de los compromisos que la madre adquirió a la salida del hospital. Según Marian Paniego, gerente de Servicios Sociales de la Junta de Castilla y León, la mujer se comprometió a participar en un programa de intervención familiar para garantizar que los niños tuviesen cubiertas sus necesidades básicas y estuviesen seguros. Ahora se interpreta que los niños podrían estar en riesgo al existir indicadores de desprotección importantes. Los menores, que nacieron por cesárea el pasado mes de febrero, se encuentran en estos momentos bajo la tutela de la Junta de Castilla y León. Asimismo, la mujer, que se sometió a un tratamiento de fecundación 'in vitro' en Estados Unidos, tiene otra hija cuya tutela también le fue retirada hace seis años.

Ante esta información no puedo evitar preguntarme: ¿Existe una edad ideal para convertirse en mamá?
Rotundamente no.
El hecho de que una mujer tenga 33 años y otra tenga 14 o 64 años no significa que una sea mejor madre que otra. Puede que existan ciertos riesgos evidentes para los pequeños, que varían en cada caso dependiendo de factores como la situación socio-económica. Incluso hay factores biológicos que pueden influir, como el estado de salud, tanto a nivel físico como psicológico, que se tiene para afrontar el embarazo y la maternidad. Sin embargo, es evidente que la edad no es un factor determinante por el cual se pueda concluir que una persona puede o no convertirse en madre. Existen mujeres que han tenido hijos a la “edad ideal” para ello y que son incapaces de criar a sus pequeños de forma óptima, así como mujeres menores de edad que se han convertido en excelentes progenitoras.

¿Entonces, cuál es la clave para saber cuándo convertirse en madre?
La clave es la madurez. No se trata de la edad que se tenga, sino de la responsabilidad y la madurez de cada persona. Se trata de su estado mental y de lo preparada que esté física y psicológicamente para afrontar la maternidad.
Cada caso es un mundo, no hay dos niños iguales, como no hay dos padres ni dos familias iguales, las condiciones y los factores de cada caso son absolutamente diferentes y eso no es cuestión de edades.
Hay personas que no son responsables y que no están capacitadas para cuidar a un bebé porque tienen algún tipo de trastorno o simplemente porque no tienen la madurez necesaria para encargarse de otra persona y renunciar a ciertas cosas asumiendo una serie de sacrificios.

Todo el mundo tiene la libertad de ofrecerle fresas para merendar a un bebé de dos años, aun sabiendo que no es recomendable hacerlo antes de los tres años por riesgo de alergia.
Todo el mundo tiene la libertad de ofrecerle manises a un bebé de tres años, aunque no se recomienda introducirlos hasta los seis años por riesgo de asfixia.
Todo el mundo tiene la libertad de no llevar a sus hijos al médico aunque estén una semana con fiebres altas, aun sabiendo que existe riesgo de síncope febril.
Todo el mundo tiene la libertad de no vacunar a sus hijos y de exponer su salud a un grave riesgo.
Cada madre y cada padre es libre de tomar las decisiones que crea oportunas con respecto a la salud y la educación de sus hijos, pero eso no es cuestión de edades sino de asumir ciertas responsabilidades.
Se trata de la manera de ser de cada uno, de sus cuestiones ideológicas y de un sinfín de factores que influirán de forma inevitable en las decisiones que se tomen.

Ante una perreta, los padres tienen varias opciones y una de ellas es darle al pequeño dos fuertes cachetones. Dejando de lado las cuestiones éticas y legales que enmarcan esta hipótesis, el hecho es que no importa si se tiene 14, 33, 64 o 100 años, cualquiera puede ser un progenitor nefasto si le pone la mano encima a su hijo y en eso la edad no es un factor determinante.

Un niño debe crecer en un entorno adecuado y tener una serie de necesidades cubiertas para garantizar su bienestar, su seguridad y su integridad social. Lo cual es tan importante como desarrollarse y disfrutar de su infancia en un entorno agradable, recibiendo un trato óptimo y gozando del cariño, la empatía y el amor de sus padres.

Con 12, 30 o 70 años, el mayor regalo que le puedes hacer a tu hijo es darle el don de la paciencia y el amor. Tratarlos con amor y paciencia les enseñarán a manejar sus propias emociones y a desarrollarse en un entorno más favorecedor y más tranquilo. No olvidemos que nos tienen a nosotros como ejemplo y que en un futuro actuarán como les eduquemos.

Es posible que una chica de 13 años desee convertirse en madre, aunque no haya terminado aún sus estudios y no tenga un trabajo estable, porque tiene la suerte de contar con un fuerte apoyo familiar y disfruta de unas buenas condiciones socio-económicas que le permiten criar a su hijo garantizando que tendrá todas las necesidades cubiertas y que crecerá en un entorno de felicidad.
Asimismo, es posible que una mujer de 33 años, que tiene un trabajo estable, coche, casa y cuyas condiciones económicas sean idóneas para convertirse en madre, no sea capaz de criar a un bebé porque sufre una fuerte adicción a las drogas, algún tipo de depresión o porque vive en un ambiente familiar desestructurado, por ejemplo.

A menudo escucho comentarios como el hecho de que una chica menor de 18 o 20 años que se ha convertido en madre es una auténtica irresponsable. ¿Por qué? ¿Por qué no ha seguido la línea temporal impuesta de terminar sus estudios, encontrar un trabajo, comprarse un coche y una casa, casarse y luego formar una familia a los 30 o 40 años? Me parece un argumento vacío y sin sentido. Una chica de 16 años puede estar perfectamente preparada y capacitada para compaginar el papel de madre, con el de pareja, con el de hija, con el de estudiante y con el de trabajadora. Eso no depende de la edad, sino de su madurez, de su forma de ser y de la voluntad que tenga para luchar por su bebé. Aunque por supuesto, hay otros factores que también influyen y que muchas veces están fuera de nuestro control.

No es cuestión de edades, existen innumerables factores que influyen en el bienestar y en la felicidad de un niño. En cualquier caso, a los 13, a los 33 o a los 64 años, una puede ser madre y lo único que debe importarle es la felicidad de sus hijos y no el qué dirán los demás.

Con este artículo no tengo ninguna intención de criticar o defender a esta mujer que se ha convertido en madre a los 64 años, porque no conozco su caso ni su situación personal y no soy nadie para juzgarla. Sólo espero que las autoridades e instituciones competentes realicen su trabajo con el único objetivo de asegurar un buen futuro a esos pequeños. Porque son niños inocentes y lo único que necesitan es disfrutar de una infancia feliz con una familia que les cuide y les brinde todo el amor que merecen.



Fuentes consultadas:









Artículo de opinión publicado el 21 de abril de 2017 en el periódico Tacoronte dgital.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Machismo musical

Hace poco escuché un comentario de una mujer que criticaba la música que escuchan los jóvenes en la actualidad. Hablaba con otra mujer y le decía que sus hijos se habían convertido en una especie de imitadores desafiantes que se creen protagonistas de las canciones, las series y las películas que escuchan y ven a diario, por lo que cambian su manera de vestir, su forma de ser y comienzan a comportarse de manera diferente en casa, desobedeciendo y desafiando a sus padres.

A raíz de este comentario, empecé a prestar más atención a la música que escucho a diario. Visité varias páginas webs musicales e investigué un poco cuáles son las tendencias actuales y aquellas canciones que se escuchan en todas partes a día de hoy.
Cantantes como Maluma o Bad Bunny se han hecho un hueco notable entre el resto de artistas y consiguen millones de visitas con sus videoclips.
Pero hay que tener buen ojo y mente crítica antes de darle al play. Deberíamos pararnos más a analizar lo que vemos y escuchamos porque estas personas son consideradas como ídolos por jóvenes adolescentes que aún están buscando su propia identidad y se encuentran en una edad complicada por los numerosos cambios que experimentan.
Se trata de una etapa de confusión que unos llevan mejor que otros y hay que decir que muchos adolescentes son manipulables y no tienen la capacidad de ser objetivos y críticos con lo que ven y escuchan, así que simplemente se dejan llevar.
Una canción, una serie, una película o un videoclip no deberían hacer apología del machismo, de la violencia, de la pederastia, de la prostitución o de la adicción a las drogas y al alcohol.
En muchas de las letras que he escuchado se habla de la mujer como si fuera un mero objeto diseñado únicamente para dar placer al hombre y servirle en todo lo que éste desee. Estamos en pleno siglo XXI y la violencia doméstica mata a gran cantidad de mujeres al año, dejando en muchos casos a sus hijos huérfanos de por vida sin que éstos sean considerados víctimas. En nuestro país la lacra del machismo es una realidad muy grave y difícil de superar dados los estereotipos que se nos imponen desde incluso antes de nacer y los antecedentes machistas tradicionales que les inculcaron a nuestros padres, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, etc. desde antes de la época de Franco. La mujer nacía con el único objetivo de casarse, vivir a la sombra de su marido, reproducirse, criar a sus hijos, limpiar la casa, hacer de comer y depender de un hombre para siempre.
Como mujer, me parece un insulto, un atraso y una desfachatez que aquellas personas que atraen a las masas y que poseen el poder de influir en sus vidas y en su manera de pensar de una forma u otra, se atrevan a inculcarles ideas machistas, violentas y equívocas haciéndoles creer que está bien pegar a una mujer, violarla, secuestrarla o insultarla. Haciéndoles creer que está bien pelearse con cualquiera por la calle, comportarse como un energúmeno, retar a la autoridad o delinquir. Haciéndoles creer que fumar o consumir drogas y alcohol es algo que mola, que está bien y es propio de aquellas personas que poseen dinero y poder.
No está bien.
Supongo que estos cantantes no se han parado a pensar en las consecuencias que provocan sus letras y sus videoclips. Supongo que lo único que desean es que alguien les escriba una letra pegadiza que, junto a un buen ritmo y a un videoclip casi pornográfico, resulte lo suficientemente atrayente como para vender todas las entradas en cada concierto y ganar mucho dinero.
Estas personas no aportan nada a la sociedad y contaminan el género musical en el que actúan creando la visión de que todos los cantantes de ese género son iguales.
No todos son iguales, hay cantantes de rap que son auténticos genios, como Residente, Vico C o Los Chikos del Maíz. Ellos son artistas cuyas letras están creadas para criticar la sociedad en la que vivimos y para abrirnos los ojos. Sus canciones emocionan, pero lo más importante es que hacen reflexionar a todo el que las escucha.
En cambio, canciones como “Krippy Kush”, de Farruko, Bad Bunny y Rvssian, no aportan nada positivo, más bien todo lo contrario, hacen apología sobre las drogas, el alcohol, la automedicación e incluso la prostitución.
El gran éxito del verano, la conocida canción de “Despacito”, de Daddy Yankee y Luis Fonsi, también hace apología del machismo.
No es complicado, basta con escoger una canción al azar y analizar la letra y el videoclip.
Aparecerán mujeres medio desnudas y se cantarán versos como
“Dile que tú eres mía, mía.
Tu sabe' que eres mía, mía.
Tú mima' me lo decía
Cuando yo te lo hacía.”
(Estribillo de la canción “Eres mía” de Bad Bunny).

Pero hay que destacar un detalle. Esto no es nuevo y no ocurre sólo en el ámbito del reggaetón, el rap o el trap. También sucede en las canciones de Rock&Roll y de Pop.
Hasta las propias mujeres caen en la trampa de las letras machistas. Sin ir más lejos, Nicki Minaj llegó a cantar versos como
“Sí, yo hago la comida;
sí, yo limpio"
 "Sí, tú eres el jefe
y sí, yo lo respeto"
(“Hey mama”, de David Guetta).

Como decía, esto no es un fenómeno nuevo que haya aparecido en los últimos años de la nada. No. Esto viene ocurriendo desde hace ya demasiadas décadas y aquí tenemos sólo algunos ejemplos sobre lo que escuchaban nuestros padres y abuelos:

“Corazón de tiza” (1990), de Radio Futura:
"Y si te vuelvo a ver pintar
un corazón de tiza en la pared
te voy a dar una paliza por haber
escrito mi nombre dentro".

“Fueron los celos” (1990), de La Unión:
"Sólo pretendía guardar
algo de mi posesión.
Fueron los celos
y no yo".

“La mataré” (1987), de Loquillo:
“Que no la encuentre jamás
o sé que la mataré.
Por favor sólo quiero matarla.
A punta de navaja.
Besándola una vez más".

Este machismo también se transmite de forma directa a nuestros hijos, mediante mensajes subliminales que se pueden leer en las letras de las canciones que pretenden ser educativas. Por ejemplo, en 1971 Los Payasos de la Tele pretendían enseñar los días de la semana a través de una conocida canción con este mismo título en la que una niña no podía ir a jugar porque tenía que hacer todo tipo de labores domésticas como lavar, planchar, etc.
“Lunes antes de almorzar.
Una niña fue a jugar.
Pero no pudo jugar
porque tenía que lavar”.

Sin embargo, como he dicho anteriormente, no todas las canciones son machistas. No todo en la música está contaminado por este tipo de apologías anteriormente descritas. También hay canciones que hablan sobre las realidades que ocurren en la actualidad. Sin ir más lejos, puedo nombrar las canciones de Calle 13, un grupo de rap cuyo cantante, René, escribe letras que provocan una profunda reflexión en el receptor. René acaba de publicar una serie de canciones nuevas, ahora en solitario, como Residente. Uno de esos temas se titula “Guerra” y nos obliga a concienciarnos sobre la realidad que viven familias enteras en esos países que ahora mismo se encuentran en mitad de una guerra sin sentido. Una guerra tan cruel que enfrenta a todos contra todos cobrándose vidas inocentes a su paso. Basta con ver el videoclip y escuchar atentamente la letra para que se te remueva el alma y la mente entera.
Otras canciones funcionan como alegatos feministas, como el famoso tema “Ain’t your mama” escrito por Meghan Trainor e interpretado por Jennifer Lopez, que denuncia los estereotipos de género en la sociedad.

A veces la solución más acertada para erradicar las actitudes machistas en el mundo musical es la cancelación de espectáculos por parte de diferentes colectivos, aunque también puede ser por iniciativa de instituciones públicas, lo cual sería aún mejor.
Está en manos de todos condenar las canciones cuyo contenido no es positivo para la sociedad y cuyos mensajes no son apropiados para el público en general y los adolescentes en particular. El primer paso es dejar de escuchar a esos cantantes y dejar de ver sus videoclips.




Enlaces consultados para escribir el artículo:
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-       Información:


lunes, 17 de julio de 2017

Harta

Harta. ¡Estoy harta!
Harta de tener que callarme al ver las cosas que haces.
Harta de no poder decir nada por temor a ser atacada.
Harta de que ante cualquier reproche desates una guerra psicológica.
Harta de que me ataques por dónde sabes que más duele.
Harta de que tú seas un arma de doble filo y amarte sea asumir un riesgo mortal.
Harta de no poder contar contigo y escuchar amenazas y chantajes.
Harta de que utilices a los niños como escudo y te burles argumentando que a ti te quieren más.
Harta de que digas que no hago nada.
Yo friego, yo limpio el baño, yo ordeno la casa, yo seco y guardo la vajilla, yo lavo, doblo y guardo la ropa, yo barro el piso, yo cambio las sábanas, yo cambio las toallas, yo limpio el piso, yo limpio las ventanas. Cada semana. Y dices que no hago nada.
Te limitas a hacer de comer, porque yo lo detesto.
Te limitas a tirar la basura, porque mi espalda me lo impide.
Te limitas a fregar y lavar la ropa de vez en cuando.
¿Y dices que las tareas están bien repartidas?
Llegas a casa y solo escucho quejas: "hay mosquitos, qué sucio está el piso, hay que limpiar el baño, hay cucarachas y hormigas..."
Si no dejaras la ropa tirada por donde te cuadra, todo estaría más ordenado y el ambiente no olería a sudor.
Si no dejaras las migajas de comida tiradas en el suelo y el sillón después de comer no habría tantas hormigas.
Si no dejaras los platos usados y con restos de comida durante horas en el fregadero sin echarles ni una pizca de agua no habría tantos mosquitos.
Si limpiaras la tapa del retrete cada vez que lo usas no olería tan mal y no estaría tan sucio.
Eres tú el que ensucia sin preocupación y estoy harta de ir detrás, ordenando tu ropa y limpiando tu mierda como si fuera una esclava.
Estoy harta de que salgas cuando te place y no avises cuándo vas a llegar, de que me dejes sola, en casa, con el niño, y te despreocupes por completo.
Estoy harta de que me reproches los cinco minutos que se me ofrece salir, a la tienda de enfrente a celebrar una jubilación de una persona a la que añoro y tengo mucho cariño, solo porque a tu hijo le ha dado por coger una perreta.
Estoy harta de que dispongas de mi tiempo y me exijas que te ayude con las tareas académica para aprovechar cualquier queja mía y amenazarme.
"El año que viene sí que vas a estar puteada porque no te pienso ayudar en nada".
Cuéntame algo que no sepa ya.
Estoy harta de que me humilles en cada discusión y me subestimes.
"Tú no vales nada, no tienes amigos, estás sola".
Estoy harta de que me exijas mil cosas sabiendo que no dispongo del tiempo necesario.
"Deberías ponerte las pilas, ponte a estudiar, haz ejercicio, tienes celulitis, estás gorda, dedícale tiempo al niño, hay que limpiar el baño otra vez..."
Estoy harta de que vayas de chico bueno y de gran pareja, de que aparentes que me ayudas cada día y que te implicas en casa como yo lo hago cuando ambos sabemos que no es verdad.
Eres un lobo disfrazado de cordero.
Eres un machista disfrazado de feminista.
Eres un abusador y un mentiroso.
Estoy harta de que vayas echándote las flores por cocinar en casa, por prepararle purés al niño, por salir y tener amigos y hacer lo que te de la gana cuando te de la gana.
Sabes que en realidad muchas veces usas a tus padres para que cocinen o hagan ellos el puré, sabes que sales porque yo cuido al bebé, y aún sabiéndolo no valoras ni agradeces nada.
Estoy harta de intentar dialogar contigo, de hacerte ver como me siento y pedirte que me ayudes y me valores aun sabiendo que no cambiarás nunca y jamás lo harás porque eres un egoísta que quiere hacer siempre lo que le venga en gana sin dar cuentas a nadie.
Estoy harta de que en cada intento me ataques, aprovechando el mínimo error que haya cometido, el mínimo defecto que me encuentres para usarlo en mi contra y no escucharme en absoluto.
Estoy harta de que jamás pidas perdón y de que no tengas filtro al hablar, porque te da igual el daño que puedan causar tus palabras envenenadas.
Estoy harta de tener que callar, de aguantar las ganas de llorar y de correr a encerrarme en cualquier habitación para no escuchar esas palabras que tanto daño causan.
Estoy harta de que digas que me amas, de que me lleves a la cama, de que me pidas sexo cada día y de tener que complacerte casi por cumplir, solo para que me dejes tranquila.
Estoy harta, harta de que no te importen mis sentimientos, harta de que me utilices, harta de que me engañes, harta de que me manipules, harta de que me mientas, harta de que me trates de esta manera.
Estoy harta de que no me valores, harta de no importarte. Harta de ser tu sumisa sirvienta y estar a tu servicio.
Estoy harta de aguantarte.
Pero todo eso da igual, porque lo que yo sienta no importa, porque te la sudan mis metas, te la sudan mis problemas, y te la suda todo lo que a mi respecta.
Así que no te preocupes, mañana volveré a limpiar tu mierda. Porque has conseguido atarme en corto, porque has conseguido apagarme, porque has conseguido manipularme y acallarme.
Como buen machista, como buen asesino, como buen dictador.
Sigue disfrazado de corderito, lobo feroz, que el mundo ya se ha tragado tu papelón.
Y nadie sabe que la víctima soy yo.

jueves, 6 de julio de 2017

¿Fumas?

Todos sabemos que el tabaco es un producto nocivo que causa una grave adicción en los consumidores y que posee componentes que son altamente perjudiciales para la salud. No importa si somos fumadores o no, porque incluso yo, que odio el tabaco y jamás lo he probado, he respirado el humo del cigarro de quien caminaba justo delante de mí por la calle. Sin embargo, aunque los informes anuales evidencian el peligro que supone el consumo de esta droga y el desorbitado número de muertes que provoca, las industrias tabaqueras’ siguen embolsándose cantidades estratosféricas de beneficios anuales a costa de acabar con la vida del ser humano al venderle veneno. Porque eso es el tabaco: veneno que acaba con nuestras vidas.

Sabemos que produce cáncer y que provoca numerosas enfermedades cardiovasculares y respiratorias.

Sabemos que contiene sustancias químicas tan nocivas como la nicotina, el monóxido de carbono y el alquitrán, entre otras más de 4.000.

Sabemos que el consumo de tabaco supone un alto coste sanitario en todos los países a nivel mundial, a pesar de los elevados impuestos que se recaudan de la venta de dicho producto. De hecho, según un estudio publicado en la revista Tobacco Control, en 2012 el coste total del tabaquismo alcanzaba los 1,4 billones de dólares en el mundo.

Sabemos que su consumo es mortal. De hecho, según evidencia el estudio citado anteriormente, en 2012 el tabaquismo fue la causa del fallecimiento de más de 2 millones de adultos de entre 30 y 69 años en el mundo. En España mueren cada año más de 60.000 personas a causa de enfermedades provocadas por el consumo de este producto, lo que equivale a más de 160 defunciones diarias como consecuencia del tabaco, y se estima un mínimo de 1.228 muertes atribuibles a la exposición al humo ambiental de tabaco en no fumadores, aumentando el riesgo de padecer enfermedades crónicas como cáncer de pulmón, enfermedades cardiovasculares y enfermedades respiratorias.

Pero el tabaco no solo acaba con la vida de los fumadores activos y pasivos, sino también con la vida de los animales.

Miles de animales mueren cada año tras pasar meses o incluso años encerrados en diminutas jaulas y sufriendo las consecuencias directas de una exposición continua al humo del tabaco. Todo con el único objeto de realizar “estudios” y experimentos para evaluar los efectos que tiene el tabaco en ellos.

Las compañías tabaqueras usan perros, gatos, monos, conejos, ratones y otros animales para realizar dolorosos experimentos y comprobar las consecuencias o los efectos que tienen sus productos en los animales con el propósito de intentar encontrar evidencias que puedan usarse como argumento en contra del indiscutible hecho de que fumar mata.

Estos crueles experimentos pasan por realizar acciones tan deleznables como coger monas preñadas y mantenerlas cautivas en pequeñas jaulas de metal, mientras su fetos están expuestos a la nicotina. Este estudio se llevó a cabo en Estados Unidos y duró 5 años, durante los que se asesinó a muchas crías de mono y se les diseccionó los pulmones.

Según fuentes consultadas, en los laboratorios financiados por las industrias tabaqueras se realizan prácticas como realizar cortes y abrir agujeros en las gargantas de los perros beagles a través de los cuales son forzados a respirar humo de tabaco concentrado durante todo un año, insertar electrodos en los penes de los perros para comprobar los efectos del tabaquismo en el funcionamiento sexual, atarles máscaras con correas en la cara a ratas, ratones y monos y forzarles permanentemente a respirar el humo del tabaco, obligar a perros a estar en ventiladores mecánicos y exponerles crónicamente al humo del tabaco, inmovilizar a monos rhesus en sillas con dispositivos cerebrales (electrodos o agujas estereotáxicas) y exponerles a nicotina y cafeína para ver cómo les afecta a la respiración.

Muchas marcas conocidas, como Philip Morris (L&M, Marlboro) y Altadis (Nobel, Fortuna, Ducados), utilizan estos test torturando a miles de animales cada año. Aunque existen marcas de tabaco que están libres de las prácticas experimentales a las que se ha hecho referencia, como Manitou, Natural American Spirit, Domingo, Pepe, Pueblo, Salsa, Ketama, Flandria Sauvage y Origenes.

Las compañías tabacaleras han escondido los experimentos con animales durante años, tratando inútilmente de restar importancia a los efectos negativos del tabaco en humanos. Experimento tras experimento intentan probar que fumar no mata para así garantizar unos beneficios anuales y la continuidad de su millonario negocio. Así, con sus componentes adictivos, sus campañas publicitarias y sus informes engañosos, siguen captando adeptos y alimentando una espiral de consumo en la que el cliente tiene dos opciones: o sale de esa espiral (logro casi imposible) o muere en el intento a causa de cualquier enfermedad respiratoria o cardiovascular producida por el tabaco.

Dejar de fumar no es una tarea fácil, ya que estamos hablando de una adicción, y la mayoría de los fumadores se preguntan cómo hacerlo. El primer paso y el más fácil es reconocer y ser conscientes de los problemas que este consumo puede ocasionar a nuestra salud, a la de las personas de nuestro entorno y a la de los animales que son maltratados en laboratorios.

Muchas personas han logrado dejar el tabaco para siempre y, aparte de ahorrarse una importante cantidad de dinero, han evitado una muerte prematura, han dejado de dañar su salud y envenenarse a sí mismos, pero también han dejado de contribuir al sufrimiento que padecen los animales en los laboratorios.

¿Quieres dejar de fumar? Pues ya tienes un motivo más.

Puedes encontrar mucha más información en las fuentes siguientes: